Rizzen TlabbarEl grupo se había puesto en marcha rápidamente de nuevo y el explorador no tardó en quedarse en su discreto segundo lugar. Ya en el Logoscuro una enorme explosión lumínica le hizo ponerse en guardia mientras trataba de proteger sus ojos.
*Maldita luz. Y ya es la segunda.* masculló entre dientes con una furia creciente.
Antes de que sus ojos pudieran volver a ver bien escucho la voz autómata del kuo-toa.
*¿Nos hemos llevado a una de las vuestras?* repitió incrédulo, cómo si eso fuera sencillo. Pero cuando la jebress Nath’ Zarae gritó el nombre de Nhilriia, Rizzen dio un respingo y una sensación de desazón corrió por su cuerpo. No era una sensación de pérdida, era más bien la evidencia de que negocios y placeres se perdían entre sus manos y eso no le hacía ninguna gracia.
Luego escuchó la voz autoritaria de Aloneira y el desprecio que destilaba y a duras penas pudo contener unas palabras. ¿Por qué se alteraba tanto por eso? No tenía ningún sentido. Trató de sosegarse para que no se le notara, miró de reojo a la Yvalar y luego a la sacerdotisa Tlabbar, a su lado, que parecía realmente enojada por la desaparición de la maga.
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Jebress, la señora Lysaen es importante para la Casa. ¿Qué ordenáis? - susurró en voz baja esperando la decisión de la Tlabbar.